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Presentadoras de lujo en el bautizo de La trilogía de los malditos en Kalathos (31/01/2015) Correo electrónico
Domingo 01 de Marzo de 2015 19:29

Les agradezco mucho a mis queridas amigas: Krina, Alessandra y Blanca por haber presentado mi trilogía de los malditos. Una bella y talentosa dama para cada libro, qué más podía pedir. Fue una tarde muy especial donde compartimos con familiares y amigos, leímos cuentos y hablamos de mucha literatura. Aquí les dejo sus discursos.

 

 

MINIBIOGRAFIAS ILEGALES SOBRE ESCRITORES MALDITOS

Por Krina Ber

Es con un verdadero placer que me preparo a decir unas palabras acerca de este libro, ya que he sido, en cierto modo, testigo de su génesis en nuestras tertulias literarias con Heberto, Iris, Oscar, y las amigas Blanca y Alessandra que me acompañan aquí. Así sé que nació de modo natural del propio Heberto, de su amor a la literatura y de la admiración que siente hacia los seres que la practicaron contra viento y marea y llegaron a inmortalizar sus obras hasta el punto en que olvidamos que también fueron seres de carne y hueso: de hecho, así era el primer título de este libro.

Lo interesante es el resultado. Qué es este libro? ¿Compilación, pero de qué? Aquí hay sesenta relatos, entradas, fragmentos… Sesenta nombres, para ser exactos, y todos o casi todos, conocidos para quienes tengan algún interés en la literatura. Algunos son de monstruos sagrados: Tolstoi, Dostoievski, Poe, Stefan Zweig, Balzac, Joseph Conrad… ¡y tantos más! De todos sabemos algo, al menos sabemos que existieron, y sabemos qué obras han escrito… Y generalmente, no mucho más que eso.

Hubo largas deliberaciones acerca del título.

¿Biografías? Pues, no: no son biografías. Poca gente lee biografías hoy, personalmente yo no, ya no podría… Además, en su mayoría las biografías de escritores famosos están todas escritas. El interés fugaz que podríamos sentir hacia la vida de tal u otro autor no aguanta la cantidad de páginas que serían necesarias para dar cuenta de ella. El primero que lo sabe es el propio Heberto que, fiel a su vena didáctica, definió este conjunto como un “abre boca”, que tal vez desencadenaría en el lector el deseo de conocer la biografía de uno u otro “protagonista” de estos relatos. Pero aun así cada mini-historia de estas, a su manera indirecta, insinuada y condensada a la vez, ya nos deja con mucho más de lo que sabíamos antes.

Dije “protagonistas” y dije “relatos”, porque este libro también podría definirse como una compilación de cuentos breves. Ninguno pasa de tres páginas y todos se leen como tales: despiertan interés, tienen desarrollo, conflicto y desenlace.

Dice Oscar Marcano en su impecable preámbulo:

“A Heberto Gamero lo anima la miel amable del cuento. El laborioso juego de construir imágenes, brindándonos el encanto de no saber dónde termina la base real y dónde comienza la ficción. El resultado son estos textos firmes, redondos, monolíticos y a la vez abiertos, donde un narrador de oficio suelta la mano con naturalidad y consigue la contundencia en el mundo autónomo que es la narración corta.”

Como si fueron cuentos, Heberto se ha esmerado en variar narradores, puntos de vista y los detalles que enfoca su linterna narrativa. A menudo habla un narrador externo, omnisciente, o el propio protagonista en primera persona, que nos cuenta —a veces desde la ultratumba— lo que le ha pasado o lo que tiene en la mente. Pero también tienen la palabra personas cercanas a ellos —la madre de Nietzsche, las viudas de Malcolm Lowry, de Joseph Conrad y de James Joyce—, a veces gente que los odia o desprecia (como el narrador de Rimbaud), admiradores desconocidos, buenos samaritanos que se han ocupado de ellos e incluso testigos que los conocieron de manera casual. Se oyen voces de lectores que se identifican con ellos, e incluso dos veces aparece el propio Heberto con su experiencia del viaje en el que conoció a Mario Benedetti y visitó todas las casas de Pablo Neruda. El autor no nos abruma de datos biográficos, concentra el haz de la ficción en un punto particular donde se concede un modesto permiso para inventar. Se cuida de no repetir lo que sabemos: menciona las obras de esos personajes en proporción inversa a su fama: todos conocemos los títulos de Tolstoi o de Dostoievski… Tampoco cede a la pedantería de edades y fechas: apenas podemos adivinar la época por un detalle de la peluca, la levita, las lámparas de gas en el paisaje y las profesiones que desempeñan esos escritores o sus familiares.

Pero, aun así, estas historias no son cuentos: sus protagonistas no son de ficción, y el respeto prioritario a ellos y a lo que se conoce de sus biografías limita la imaginación del escritor.

Al final quedó el término “minibiografías“ para definir estas narraciones cortas de género incierto, destacando la parte biográfica de su naturaleza, así como su brevedad.

Yo tengo mi propia definición. Diría que son unas pequeñas ventanas de ficción que se abren entre los hechos documentados, nos ofrecen un fugaz vislumbre de la totalidad de una biografía y se cierran, dejándonos con un pregusto de todo lo que no sabemos.

Ahora el calificativo de “malditos”. El propio Heberto no quiso usarlo a pesar de que muchos se lo aconsejaban. ¿Malditos? Pues no, ¿cómo lo serían esos personajes venerados, esos escritores que han traspasado la barrera de la inmortalidad?

Se dice que todo tiene su precio: muchas infancias tortuosas e infelices, mucha soledad e incomprensión, críticas, ataques, toneladas de desprecio y burlas de sus contemporáneos, muchos problemas de salud y económicos que agobian a esos personajes quienes a menudo intentan ganarse la viuda con un sinfín de otras profesiones en las que siempre fracasan, como si la vocación de escribir, y de escribir de una cierta manera —precisamente la que algún día (a menudo demasiado tarde) les traería la fama— fuese, en efecto, una maldición. Podemos decir con toda razón que cualquier persona en esas épocas sufría esas enfermedades, que hace no más de un siglo la gente moría como moscas de cualquier cosa de la que se salvaría hoy y, por lo tanto, una orfandad temprana o la pérdida de hermanos e hijos era pan de cada día para todos —no en particular para esos escritores—, pero eso no quita lo que significaron esos hechos ni atenúa las huellas que podían haber dejado en sus vidas.

Me consta que después de casi cada “minibiografía” uno se dice: vaya, no sabía eso. No sabía las tragedias que jalonaron la vida de Marc Twain, el mayor humorista de Estados Unidos, no me imaginaba el tamaño de las calamidades que le tocaron a Cervantes o a Oscar Wilde, no conocía el secreto del linaje de Alexandre Dumas, no sabía cómo murió Robert Walser en su manicomio ni que Balzac, por miedo a los acreedores, se presentaba como el criado de su propia casa… para no enumerar más.

Por último quiero destacar la calidad del libro como conjunto. A pesar de haber conocido prácticamente cada una de las “minibiografías”, nunca antes había leído el libro completo de un trecho. No todas despiertan igual interés ni tienen la misma intensidad narrativa; unas dicen más, otras menos; unas se extienden abarcando más datos biográficos, otras se concentran en un momento particular; unas muestran, otras comentan. A pesar de que cada entrada es diferente, la sensación del conjunto es tan fuerte que en estos días, cada vez que volvía a abrir el libro, me parecía estar leyendo otro capítulo de la misma novela. En cualquier agrupación los cuentos se revalorizan mutuamente, se multiplican unos en el espejo de otros. Es que no es lo mismo, nunca, leer la totalidad que leer las partes, aun en una recopilación de relatos variados y sin relación entre sí, y cuánto más se verifica eso en un libro unido con tanta fuerza por su temática: Los Escritores.

No es lo mismo ver las cuentas (o los cuentos) por separado que cuando forman un collar y es así cómo veo este libro —como un collar— así como los otros dos que forman parte de la trilogía de Minibiografías de Escritores, Pintores y Músicos malditos.

 

 

 

MINIBIOGRAFIAS ILEGALES SOBRE PINTORES MALDITOS

COLORES, MUCHOS COLORES

Por Alessandra Hernández

“Si amas lo que haces, nunca será un trabajo”.

Confucio

Agradezco a Heberto la preciada oportunidad que me concede para hablar de las Minibiografías Ilegales de Pintores malditos. Es un honor compartir este momento con escritores como él, como Krina Ber y Blanca Miosi, quienes ya están en el doctorado de la escritura mientras yo apenas estoy empezando el maternal.

Es una mañana radiante, inspiradora para más de uno de los artistas que hoy nos convocan, seguro que hubiesen asistido gustosos a este encuentro en este acogedor espacio que es Kalathos.

Pocas veces se tiene el privilegio de acompañar a un autor en el proceso investigativo de su obra o cuando está gestando ésta. Yo tuve la exclusiva, como decimos en el argot periodístico, de vivir de cerca cómo fue germinando cada uno de estos libros hasta que la trilogía vio luz. Krina, Blanca, Oscar y yo, podemos decir con orgullo que somos padrinos de estas historias que hoy tenemos en nuestras manos.

El ensayista y editor francés Jean-Jacques Pauvert, calificaba de omnívoro lo que para él era “una metáfora agrícola”, esto es: cultivar las letras, las ciencias, cultivar el espíritu. Cuestionaba que se hablara de cultura sin más sinónimo de familiaridad con la literatura, el arte, los conocimientos, cuando debería ser algo más que eso. Esta serie lo es.

En tiempos de escasez y racionamiento, Heberto Gamero surte nuestras despensas del intelecto con provisiones que bien vale la pena acaparar. Cada uno de los cuarenta cuentos aquí reunidos ilumina las letras venezolanas con inteligentes destellos de creatividad. Hay también un concienzudo trabajo investigativo que el autor se ocupó de llevar a cabo para no dar pinceladas en falso, al contrario, perfeccionista como es nuestro autor, hurgó hasta encontrar el lenguaje de las formas extraordinarias que transmitieran al lector lo que fue un aspecto de la vida de Dalí, Da Vinci, Reverón, Gauguin, Degas, Frida Kahlo, Picasso, Miró, Cristóbal Rojas, Boticelli, Arturo Michelena, Goya o de mi querido Van Gogh.

Para decirlo con el prólogo de José Luis Palma, “al ser tan breves como intensas el lector se forja una idea más exacta de las circunstancias que rodearon sus vidas y en qué medida sus caracteres fueron decisivos para la elaboración de sus trabajos. Gamero nos introduce en imaginarias tertulias donde Miguel Angel Buonarroti dialoga airadamente con un exigente personaje, o él mismo y sus amigos contertulios comparten sábados interminables en pláticas sobre Picasso para desentrañar las motivaciones que llevaron al malagueño a atravesar todos los estilos pictóricos hasta llegar al que le dio la fama universal: el cubismo”.

Quien lea estas minibiografías de pintores malditos, sabrá cómo Miguel Ángel lograba la perfección al esculpir o pintar venas y arterias, músculos y huesos de modo tan real. Hay datos biográficos, sí, pero también hay ficción y eso es lo que distingue cada texto de otros ya existentes: la originalidad, la habilidad del narrador para cambiar su punto de vista en cada historia, la avidez que despierta en quien lee por determinar cuál es la frontera entre lo imaginario, lo histórico, lo anecdótico.

Por deformación profesional no suelo dar un paso sin que me anteceda una pregunta. Y no podía desperdiciar esta oportunidad para hacerle a Heberto unas cuantas, de las que revelo algunas aquí.

Como decía Van Gogh: uno no pinta siempre lo que ve, sino lo que siente y por eso quise indagar acerca de las emociones del autor respecto a este trabajo.

¿Qué satisfacción o sin sabor te ha dejado esta experiencia?

Muchas satisfacciones: comprobé que todos estos artistas son como nosotros, seres humanos comunes y corrientes, con nuestras mismas expectativas, limitaciones, alegrías, sufrimientos y esperanzas… Mi admiración creció al constatar esto. Algo que ya suponía, por supuesto, pero que no aceptaba de manera definitiva tal vez como una forma de entender y justificar su extraordinario talento. Ahora no los veo como deidades sino como amigos, amigos que me generan compasión la mayoría de ellos y el imposible deseo de haberlos ayudado a tener una mejor vida; ese sería el sinsabor. A veces sueño con ellos.

 

Yo también. Y me imagino a Heberto observado por una Frida de carne y hueso, charlando con Picasso o tratando de dar un consejo a Van Gogh para amilanar su dolor. Como los seis personajes en busca de un autor que escribió Luigi Pirandello, las almas de estos pintores requerían una pluma que los redimiera, por fin la encontraron.

¿A dónde quieres que llegue esta trilogía?

Me gustaría que sirviera de trampolín para todos los amantes de las biografías y del arte en general, que llegue a las escuelas y a las universidades, a todas las bibliotecas, que para muchos, jóvenes y adultos de cualquier raza, credo o profesión, sea la puerta de entrada a mundos nuevos, a mundos llenos de armonía, paz y belleza.

¿Se te contagió algo bueno o malo de cada uno de ellos?

Creo que sí. A veces veo por la ventana y me gustaría escribir alguna novela o pintar un cuadro o componer alguna melodía. Respiro profundo y trato de aceptar mis limitaciones. Al principio, tal vez porque todos están muertos, sentí una mayor presencia de la muerte, y el miedo que ella suele ocasionar, pero después de un tiempo, ya mirando las cosas desde otro ángulo, no descarto la posibilidad de que algún día pueda encontrarme con ellos, eso me causa ilusión.

¿Qué enseñanzas te dejaron esas vidas notables?

La más importante es que hay que vivir la vida con paciencia y plenitud, consintiendo tu cuerpo sin descuidar tu espíritu y confiando más en Dios.

 

Así, como estos personajes colmaron lienzos de su genialidad plástica, dialogaron con el lenguaje de las formas en extraordinarias imágenes y aplicaron con maestría sus respectivas técnicas, Heberto nos entrega en estas minibiografías la limpidez de los colores que su prosa da a vidas con efectos en claroscuro, para hilvanar un tupida red de trazos de pinceles como plumas.

Refugiarnos en estas páginas no es evasión es buscar solaz, porque al leerlas veo colores a mi alrededor, colores, muchos colores.

 

 

 

MINIBIOGRAFIAS ILEGALES SOBRE MÚSICOS MALDITOS

Por Blanca Miosi

Es un privilegio para mí presentar este libro MINIBIOGRAFÍAS ILEGALES SOBRE MÚSICOS MALDITOS, especialmente porque se trata de un amigo muy querido, Heberto Gamero, a quien conocí aquí, justamente, en uno de los tantos eventos literarios. Nunca imaginé que hoy me encontraría aquí mismo tratando de emular a las presentadoras que me precedieron, a quienes también admiro.

Cuando hablamos de biografía, o en este caso de minibiografía, lo primero que se me viene a la mente es que me enteraré de la vida de una persona, una historia cronológica acerca de todo lo que logró y cómo llegó a ser famoso.

En el caso de esta trilogía, y en particular de Músicos Malditos, Heberto Gamero tuvo el acierto de saltar los paradigmas. Es la virtud principal que admiro de la trilogía, no solo por el título al que él hace referencia en la Nota de Autor, también por el contenido.

Acerca del título, quiero contarles que a finales de los años setenta, cuando yo era una muchacha; no sé si hasta el día de hoy se estila hacerlo, pues hace más de treinta años vivo en Venezuela, nosotros, si queríamos ensalzar algo, una moto, un carro de esos envenenados, un Camaro, un Mustang Mach One o a cualquier persona, artista, u objeto de nuestra admiración, lo llamábamos “Maldito”.

Un carro maldito era lo máximo.

Después de tantos años me vengo a encontrar con el mismo adjetivo, que por cierto, ha sido usado en ocasiones para dirigirse a escritores de una determinada tendencia o época, así como a músicos, algunos del siglo pasado como Jimmy Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison y otros que todavía siguen vigentes como los Rolling Stone.

Un ejemplo de músico maldito en su época fue Tartini. Un violinista que se autodenominaba “el violinista del diablo”, probablemente inspirador de Paganini, el violinista de lo imposible, pues podía tocar hasta con una sola cuerda.

En este libro encontrarán 40 músicos famosos, pero no leerán de ellos lo que ya saben o lo que muchos han escrito. Heberto Gamero en un alarde de destreza ha encontrado pasajes extraordinarios de sus vidas, secretos, intimidades, y no conforme con ello los ha envuelto en un halo de buena literatura, de pensamientos sublimes en algunos casos, o nefastos en otros.

Cada una de estas minibiografías encierra algo especial, donde la realidad y la ficción se mezclan de manera exquisita. Creo que esta trilogía es un gran acierto editorial, no me cabe la menor duda, en un momento en el que necesitamos ocupar nuestra mente no solo con los problemas cotidianos que a todos de una u otra manera afligen; también debemos dejar un espacio en nuestra alma para dedicarlo a la belleza, a las artes, a la lectura, y si esta es acompañada por una música de fondo de cada autor que escojamos leer ese día, la experiencia será maravillosa.

No hay arte más sublime que la música. Ella nos trae recuerdos, nos lleva a lugares que imaginamos, nos estremece el alma, engrandece nuestro espíritu. Con la música nos hemos enamorado, hemos gozado y también sufrido.

Me encanta poder presentar la parte correspondiente a los Músicos. Un libro que es de prioridad tenerlo de cabecera, que podamos abrirlo en cualquier momento y disfrutar de la prosa de Heberto Gamero con su reconocible estilo al que me he ido acostumbrando durante todos estos meses de tertulia literaria en los que tengo mucho que agradecerle, tanto a él como a su copiloto, mi querida amiga Iris, su esposa.

Gracias Heberto por todo lo que nos enseñas. Tienes alma de maestro, pues de otra manera no habrías empezado este proyecto que hoy culmina: La trilogía de los malditos.

Y antes de terminar no puedo dejar de mencionar al maestro director reconocido mundialmente Manuel Hernández Silva, un venezolano universal, quien leyó el libro y escribió un prólogo que resume los sentimientos que lo invadieron al sumergirse en las letras de cada uno de los autores malditos.

 

 

 

 
Dos regalos Correo electrónico
Lunes 17 de Noviembre de 2014 16:21

 

Dos regalos, el más reciente libro de cuentos de Heberto Gamero Contín, se inicia con un hermoso homenaje a Gabriel García Márquez inserto en una aventura metatextual que se extenderá hasta los otros imaginarios de estos quince relatos. Historias donde los personajes establecen una suerte de pacto en el que tejen la urdimbre que sostiene la estructura funcional de cada escena y donde comunican la belleza alusiva a la página escrita.

En la atmósfera de Dos regalos se percibe la pasión por la palabra; y la fantasía permea una realidad cada vez más fascinante, transformándola en otra de múltiples lecturas al tiempo que inicia una búsqueda, una indagación en la ficción que flota en los cuentos y refleja la riqueza de los mundos subjetivos que descubren visos de la condición humana.

Heberto Gamero maneja con destreza la complejidad de los recursos formales para recrear espacios donde el contraste entre la belleza y la crueldad, la miseria y la opulencia, ofrecen diversas interpretaciones del azar, la fragilidad de la vida y la incertidumbre del amor. El autor aborda el aspecto social como una verdad que no se puede evadir, mientras el hilo conductor se retuerce en los circuitos temporales de algunas historias donde los personajes dejan ver el abrumador peso de sus pasiones.

Dos regalos es además la puesta en escena de reflexiones bullentes sobre el oficio del escritor y el trabajo de orfebrería literaria que conforman universos poblados de ideas, de reflexiones, pero también de amenazas de locura y de muerte. El tono testimonial de estos cuentos, con una prosa que roza el lirismo, criba texturas del lenguaje para mostrar la adversidad, la fortuna, y se internaliza en espacios que buscan una intimidad propiciada por el diario, el cuento, la novela, o cualquier otra forma literaria que procure el asentamiento de las emociones y de las inquietudes que habitan en la palabra.

 

Les Quintero

Editorial Lector Complice

 

 
Dos regalos: un libro de cuentos de una trama sibilina muy bien escrita y sorprendentes finales Correo electrónico
Jueves 13 de Noviembre de 2014 18:08

Por Magaly Salazar Sanabria

Librería Tecnibooks, Pampatar 23 de octubre de 2014

Buenas noches. Saludo al Señor Juan Carlos Macedo y a su esposa Karina Ramírez, por brindar Tecnibooks, Casa de libros y amistad para este Bautizo; a la Editora de Lector Cómplice, Lesbia Quintero por la publicación del libro titulado Dos regalos, al escritor Heberto Gamero Contín, autor de la obra, a su esposa Iris Verastegui y a todos los distinguidos amigos que nos acompañan esta noche.

Todo se volvió amarillo cuando las mariposas pasaron por encima de mi computadora. Entonces comencé a escribir:

Dos regalos es una obra que invita al encuentro con la mirada por su apasionante hilo energético que se tiende como las cuerdas de un arco a punto de disparar, con un ritmo fluido y que al momento final se trepa en la más alta tapia de los asombros.

Las historias de los cuentos que conforman la obra están escritas con un lenguaje claro, sincero y sobrio que imprime brillo y diafanidad a la trama a partir de la precisión del detalle y del valor específico de cada palabra donde nada sobra, todo tiene una justificación que permite crear una narración proteica.

Los temas tratados son señales potenciales de lo imaginario. La cotidianidad, el humor, el suspenso, lo citadino, lo social, la literatura, la vida del prostíbulo y sus circunstancias, la miseria humana, el amor, el miedo, la precariedad, el misterio, la mentira o el engaño, la soledad, la muerte y la intertextualidad. La estrategia de la intertextualidad consiste en la inclusión de diálogos con autores o con obras de la literatura como en los cuentos Dos regalos, Mi amigo invisible, Desde mi pequeño escritorio y Si no la vida un miércoles. Los escritores insertos en este recurso son: Gabriel García Márquez, Arturo Uslar Pietri, Vicente Gerbasi y Clemencia de Gamero. Ésta última con un diario de viaje a Europa donde se observa la preocupación por el arte de narrar y dos vivencias totalmente distintas; el único libro concebido por una mujer mayor, y madre del protagonista, cuyo destino estuvo siempre ligado al día miércoles. Esta narración se caracteriza por ser un cuento dentro de otro, la vida real del protagonista y su mamá, ahora enferma y que más tarde muere, argumento que se cruza con el diario del viaje por Europa; se unen lo imaginario con lo real. Andrés Eloy Blanco, con su Limonero del Señor, Víctor Hugo y Los Miserables, Alejandro Dumas y Las dos Dianas, la visita a museos y cuadros famosos, parques, y ciudades, todo en armonioso diálogo literario.

Entretanto, el cuento Mi amigo invisible, dedicado al gran cuentista Arturo Uslar Pietri, como ya observamos, forma parte de los textos tomados por la intertextualidad. El narrador establece una comunicación ficticia con autores como pretexto para sustentar su cuidado por la palabra, el oficio de un buen cuentista, sus búsquedas de nuevas significaciones a partir de sugerencias, claves cifradas y el efecto único. El mismo fenómeno acontece en Desde mi pequeño escritorio ofrendado al poeta Vicente Gerbasi, estrategia narrativa que se extiende a otros textos. El personaje principal es Estela quien, desde su pequeño escritorio, escribe una carta al poeta contándole su vida pero a partir de muchos versos de él. “Venimos de la noche y hacia la noche vamos” o “Buscaré una bella ciudad al amanecer, aún con luces en los parques, como una reminiscencia donde duermen las golondrinas”. Al final, es posible que mientras esto escribimos, la carta no haya ido a parar a la papelera y Estela se haya decidido a enviársela al poeta.

El propósito estético, el nivel de exigencia de la palabra y las expectativas creadas entre la afirmación y negación de la vida de algunos personajes generan cuentos de contención, donde las palabras son piezas claves, ni sobran ni faltan. Nuestro gran poeta y ensayista, Guillermo Sucre dijo una vez que con pocas palabras podemos hablar del mundo, esto aplica tanto para la poesía como para el cuento, ambos géneros se distinguen por la brevedad, aunque la poesía, en este aspecto, es más exigente. Según Derridá (1976): “No hay escritura fuera del texto”, o mejor: “fuera de la escritura no hay texto”. Es la maravilla de la palabra: todo lo dice o lo calla, pero en la escogencia de la palabra proteica y su juego en el espacio narrativo residen las múltiples lecturas. El lector debe deslizar su mirada entre lo que calla la palabra y lo que sueña, como dice Octavio Paz, ir del claro al oscuro para crear una vivencia, para armonizar al hombre con la escritura. Es una invitación a descubrir aquello que muchas veces se sugiere. Por eso, todo lo que les pueda decir, jamás se compara con la complicidad que se establece entre la mirada del lector y la palabra escrita.

Gamero Contín sugiere el prodigio de la naturaleza, el acercamiento “indirecto”, esto quiere decir que en sus cuentos las anécdotas, el ritmo, la tensión, el lenguaje, el tema único, el escenario único y el protagonista bien caracterizado que es diferente en cada cuento: una primera, segunda o tercera persona y que puede ser femenino o masculino. Todo gira en función de una visión estética de la obra. Se trata de estar atento al mundo interior de los personajes. Así, se tiende el arco del misterio que son signos múltiples determinados por las emociones y pasiones de los personajes, bien sean animales o personas. Ejemplo: Dos regalos, Donald, la prostituta de ida y vuelta, Blanco, el perro de dientes fieros y corazón amoroso, revelan las fuerzas antagónicas; y así sucesivamente. También, una bella mujer, Lucy, al final de este cuento de misterio descubrimos que es el propio Lucifer. La clave cifrada de este coincidencia oculta es el número 666. En todas las historias hay un viaje a las entrañas de los personajes.

Los cuentos se van estructurando como una red donde cada relación se estrecha sigilosamente con las otras. En el caso de Dos regalos, el personaje principal, Alberto, un muchacho lector y admirador de la obra de García Márquez, cuyo conflicto consiste en llegar a Aracataca para ver al Gabo y constatar por sí mismo que no se ha muerto, como informaba la prensa. Todas las peripecias del viaje de este menor de edad, en las cuales casi pierde la vida, van estrechando una urdimbre de relaciones que al final gana la voluntad y el amor de su padre, al que hasta ese momento le molestaban sus lecturas y constantemente lo agredía física y de manera verbal. Alberto se muestra feliz por haber llegado a su destino y conseguido la firma del Gabo para sus libros de cabecera, al final se da una situación inesperada, propia del realismo mágico. La presencia de las mariposas tiñe de amarillo los árboles, el cielo, los pájaros, la grama todo lo que pasa ante los ojos de Alberto.

Así, estamos ante una cuentística innovadora, poética, con mucho tino para construir un espacio de violencia como es el caso de La carga o Sentimientos perrunos, la recreación misteriosa de la naturaleza como en El Ventanal, y el amor que recupera el fuego y las caricias en el texto Vuerve a la vida, donde los efluvios mágicos de este compuesto, que para los margariteños y la gente del mar goza de una reputación afrodisíaca, sólo su presencia, sin siquiera un bocado, logra el milagro de la reconciliación. Es el espíritu de la buena literatura, esos silencios tan estruendosos y los toques de lirismo que abren las puertas para que lo bello nos salude.

Gamero Contín imprime sinceridad y belleza a cada uno de sus textos. Es seguidor e innovador de las obras de grandes cuentistas venezolanos como: Uslar Pietri, Salvador Garmendia y Guillermo Meneses entre otros. Y de los latinoamericanos: Juan Rulfo, Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez, Mario Benedetti, Julio Cortázar... Para todos ellos, mil gracias y lleguen nuestros aplausos para los que se han marchado, hasta los planos maravillosos del cielo.

Y antes de que los quince cuentos comiencen a hablar por sí mismos y antes de que todos estos libros abran sus páginas y nos regalen su sabiduría, doy las gracias una vez más al amigo Heberto Gamero por su hermoso libro y por la invitación para presentarlo y a todos los cuentistas del mundo por hacer de la brevedad un placer de palabras.

De los cientos de mariposas amarillas que pasaron por encima de nuestras cabezas, una se devolvió y batió sus hermosas alas. Estaba feliz. Era su manera de darnos las buenas noches.

Magaly Salazar Sanabria

 

 

 

 
Presentación del libro Dos regalos, por Lidia Salas Correo electrónico
Jueves 13 de Noviembre de 2014 16:32

Librería Alejandría II, Caracas 25 de septiembre de 2014

Toda presentación de un nuevo libro es una celebración a la vida. Una celebración a la capacidad de un soñador de dejar a la posteridad su legado de palabras. A la fe en la escritura como expresión de esperanza por un mundo mejor. Esta noche, por generosidad de Heberto Gamero Contín, soy la voz de todos sus lectores y amigos. Él ha demostrado no sólo su pasión por el arte literario sino por la pedagogía de ese arte como instrumento de elevación y redención.

En la nota de autor de Dos regalos, el libro que hoy nos convoca, el escritor explica su predilección por el cuento corto. Escuchemos sus palabras: “Soy un enamorado del género breve… me hace feliz leer y escribir cuentos… disfruto la exposición de un evento único, pasearme por sus meandros con el cuidado de quien camina sobre una cuerda floja…”.

Les Invito a ejercitar el placer de la lectura, leit motiv de relatos como Si no la vida un miércoles, donde el sentimiento vibra detrás de la narración del diario de una mujer que conocía casi de memoria la historia de Jean Valjean, el memorable protagonista de Los Miserables. La descripción de su viaje a Europa y el culto que rinde a la amistad es parte del hilo narrativo. Pero la crónica de una vida plena de amor y de renuncias es también el recuento del dolor y de la humana impotencia ante el declive de quienes amamos. Se expresa en este relato la conmoción del ser humano ante la muerte. La lectura que el hijo hace cada miércoles a la madre anciana es la cuerda de amor que une a estos dos personajes. También sirve para enlazar el pasado feliz y un presente de angustia y de zozobras.

Todo buen escritor da testimonio de su época. El caos, la turbulencia de estos tiempos de sombra, la picaresca de seres pequeños y mediocres enaltecidos por esa “viveza criolla”. La pintura de barrios capitalinos con sus miserias y matones. La escasez como argumento para el saqueo son realidades que aparecen retratadas genialmente en cuentos como La Carga, Marcha atrás, Donald y Oportunidad no negociada.

La pluma de Gamero encuentra matices que maneja magistralmente para que la tensión del relato de los hechos atrape al lector y lo sorprenda con un desenlace imprevisto como en El ventanal. En este relato se necesita de la complicidad lectora para percibir el horror de la situación que describe el último amanecer de los protagonistas. En Oportunidad no negociada, a semejanza de las páginas de Jorge Luis Borges, la solución del conflicto queda abierto y es inesperado. Impactante el final de Sentimientos perrunos.

Mención especial reciben textos en los que el autor rinde homenaje a algunos maestros de la Literatura y se enaltece la pasión de leer. Ellos son Desde mi pequeño escritorio, donde Estela, la protagonista, usa como pretexto una carta que escribe a Vicente Gerbasi para hacer un paralelo entre los versos de algunos de sus poemas y los hechos que han marcado la vida del personaje que escribe. Suele suceder que al leer algunas poesías sentimos que sólo el autor de tales versos pudiera comprendernos. Es la magia de la literatura cuando eleva y celebra nuestra existencia.

Gamero también rinde homenaje a Arturo Uslar Pietri, el creador del cuento moderno en Venezuela, en su relato titulado Mi amigo invisible. Su estructura está muy bien lograda. Un novel escritor, novel por novato, no por premiado, imbrica toda su frustración con la admiración que siente por el autor de La lluvia.

He dejado de último el cuento Dos regalos, que abre el libro y que explica de alguna manera por qué estoy ante ustedes esta noche.

Por obsequio que la vida a veces nos ofrece, sin mérito alguno de nuestra parte, conocí a Gabriel García Márquez y me convertí en estudiosa de su obra. Alguna vez fui vecina de Gustavo, un hermano del Nobel quien adoptó a mi familia como parte de la suya. Por tal razón la casa de su madre en Cartagena era punto referencial en nuestras vacaciones de diciembre. Escuché la historia original de novelas como Crónica de una muerte anunciada y El amor en los tiempos del cólera de las voces de los García Márquez.

Dos regalos, el cuento que le da nombre al libro que celebramos en esta ocasión, narra el periplo de un adolescente, lector apasionado de Cuentos Peregrinos, quien decide ir desde Caracas hasta Aracataca porque se niega a aceptar la muerte de su ídolo. Quien admire la mágica realidad en los cuentos del escritor colombiano va a conmoverse con este relato lleno de inocencia y amor por la palabra.

La tendencia de rendir tributo a un escritor admirado no es original. Todos sabemos de la influencia que la narrativa de Edgard Allan Poe ejerció sobre Horacio Quiroga y Julio Cortázar. Dos regalos se fundamenta sobre una exhaustiva investigación de la realidad de la vieja casa de Macondo, y una sostenida emoción que hace verosímil el personaje adolescente, que bien pudiera ser el muchacho que habita en cualquiera de nuestros corazones.

No me queda sino agradecerles su paciencia y atención e invitarles a leer este libro de cuentos. Aún más, les sugiero transmitir a las personas de su cercanía el placer que su lectura, sin duda alguna, les va a causar.

Gracias,

Lidia Salas

 
¿Quién era Brian White? Correo electrónico
Martes 26 de Agosto de 2014 11:10

Comentario sobre el libro de Blanca Miosi

Finalmente, después de una grata lectura, descubrí quién era Brian White,  una novela diferente a todas las que he leído de Blanca Miosi hasta el momento. Es verdad que en ella encontramos la narrativa clara, fresca y convincente a la que nos tiene acostumbrado la prolifera escritora, pero en esta novela hay algo más: una paz que nos llena, un estado de consciencia superior, la esperanza de afrontar sin miedo lo desconocido, el triunfo del bien sobre el mal, de la luz sobre las sombras, de la vida más allá de la vida misma. ¿Quién era Brian White? no es una de esas novelas que queramos leer de un tirón, no, buscaremos excusas para dosificarla, para pensarla mejor y disfrutarla durante más tiempo.

Felicito a Blanca Miosi por esta nueva obra donde queda demostrada su versatilidad literaria y en la que desnuda su alma para mostrarnos su lado espiritual, muy parecido, tal vez, al del propio Brian White.

 

 

 


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